¿Foca o lobo marino?

Uno de los ejemplares que se pueden encontrar en nuestro centro, como parte de la exhibición “Mamíferos, aves y reptiles” es la “foca Silvia”, todavía recordada por numerosas de las personas que nos visitan y que, desde su muerte en el año 1994, forma parte de los fondos del Museo.

Este ejemplar procedía de un barco pesquero al que se había subido detrás del pescado atrapado en las redes; los pescadores le ofrecieron alimento y se quedó en la embarcación. Después de navegar un tiempo, fue conducida al Acuario Nacional de Cuba en 1973, donde se convirtió en el primer mamífero marino que arribó a este lugar.

La “foca Silvia”, como fue conocida popularmente, se convirtió en el animal más popular y atractivo del Acuario. Vivió muchos años en esa institución, alegrando la estancia de miles de visitantes, que concurrían a verla, o escapando de su estanque para visitar las oficinas y asustar a los custodios en la madrugada.

En realidad “Silvia” no era una foca sino un lobo marino surafricano (Arctocephalus pusillus pusillus) subespecie también conocida como lobo marino de dos pelos que habita en la costa sur y suroeste de África, desde Suráfrica hasta Angola. Pasa la mayor parte del tiempo en el mar a no más de 160 km de la costa.

Se reproduce en tierra; el macho forma harenes de varias hembras que paren una sola cría cada una.

Presenta un marcado dimorfismo sexual, pues los machos son mucho más robustos que las hembras: alcanzan una talla de 2,27m, mientras que las hembras crecen aproximadamente hasta los 1,71m.

Se alimenta de peces, calamares y pulpos. Es un excelente nadador. Sus principales depredadores son la orca y la especie humana: esta última  lo caza para usar su piel y su grasa.

Esta subespecie de lobo marino es la más grande dentro del género Arctocephalus. Puede llegar a vivir alrededor de 21 años. 

Por su parecido, se confunde con las focas, pero a diferencia de estas, que carecen de oído externo, el lobo marino presenta pequeñas orejas. Otro rasgo distintivo es que flexiona sus patas traseras, mientras que las focas no pueden hacerlo.

Esperemos pronto disminuyan los casos de Covid y nuestro museo pueda nuevamente reabrir sus puertas al público para los que se animen a hacernos la visita puedan entre otros interesantes ejemplares, apreciar a Silvia, lobo marino que tantos buenos recuerdos le trae a los que la conocieron en la infancia. 

                                                                                   Marlen Tamayo Cabrera 

                                                                                    Museóloga Especialista

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